Comer en Bodega Melipal

bodega melipal El cocinero es un ser extraño que, hasta en sus vacaciones, ama meterse en la cocina de los demás.
Sea para ver, para probar o para ayudar, entrar en cocina ajena tiene un no sé qué. Pero ojo que no cualquier cocinero te abre su santuario. Hay muchos chefs que no permiten que nadie pise el campo de batalla donde sus peones están trabajando. Cada uno tendrá sus razones.
bodega melipalEntrar y conocer la cocina del lugar al que vas a comer te aporta mucha información. Puede ser devastador, así como puede ayudarte a revalorizar el producto que te bajan a la mesa.
Eso me pasó cuando entré a la pequeñita cocina de la Bodega Melipal. Y cuando digo que es pequeñita, hablo de pequeñita en serio.
bodega melipalLa cocina no está abierta al público como en Sudestada o Café San Juan. Me dejaron entrar como quien abre la bóveda de las joyas de la corona checa. Y me encontré con un espacio de cuatro metros cuadrados.
Sí. Una habitación de dos metros de lado en la cual entraba una sola persona. Ahí, con un orden milimétrico de la mise en place, Juli hace maravillas. Sí, ya sé, la cocina es de Lucas Bustos.
bodega melipalPero la que hace las maravillas en el lugar es Juli.
Juli te logra sacar de un espacio en el que yo no te cocinaría más de 3 churrascos a la vez, una seriada de platos excelentes, presentados hasta el último detalle, y logra imprimirles el aroma, el sabor y la textura perfecta.
bodega melipalSi no hubiera visto la cocina, opinaría muy bien, pero al verla, me di cuenta del esfuerzo que hay que hacer para llegar a un producto de excelencia así. Porque los cocineros sabemos lo duro de cocinar en una cocina que no es ideal. Sin ir más lejos, la cocina de mi casa, es de terror. Y cada vez que cocino ahí me pongo de mal humor porque no tengo espacio. Pero esta chica, con su temple firme, relajado, quién sabe si será producto del yoga o de la educación de su familia, ni siquiera demuestra una pizca de ansiedad.
bodega melipalHablando de los vinos me gustaría repetir la frase que le dije a Sonia (encargada de la visita a la bodega): Se dedicaron siempre a hacer Malbec y cuando hicieron un Cabernet Sauvignon superaron todo lo que venían haciendo con la cepa insignia de la bodega”. Conocía los vinos porque me gustaba mucho el Malbec clásico que tenían. Un vino rico, con una relación precio/calidad excelente… hasta que probé ese Cabernet hermoso que me hizo virar el gusto en un instante.
Me encanta ver que pasan este tipo de cosas, porque me gusta creer que Argentina, y en especial Mendoza, son mucho más que Malbec.
Si a los excelentes vinos le sumás una comida lograda a la perfección y todo eso lo multiplicás por la vista a la Cordillera de Los Andes con los picos nevados, la ecuación se va a poder calcular con el corazón, porque no hay números para eso.

 

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