Fukuro Noodle Bar

fukuro noodle barHace rato que me gusta Fukuro.
Quizás porque tiene una combinación infalible para el porteño mal acostumbrado (como yo) a no querer esperar mucho y comer rápido. Salvo casos especiales, como con Sarkis o con La Mamma Rosa, me pone furioso esperar cuarenta y cinco minutos que se convierten en una hora para sentarme a comer o incluso, a tomar una cerveza.
Por motivos como ese dejé de frecuentar lugares que me parecían muy interesantes para migrar a otros restaurantes o bares adonde sentarme, al menos, 15 minutos después de anotado en la lista. En Fukuro pasa eso.
Y eso es posible por dos motivos: la distribución de las no-mesas (todo el boliche es una gran barra comunitaria) que hace más fácil ubicar a la gente y por otro lado la velocidad con la que te bajan los platos después de pedirlos.
Seguramente me digas “claro, si la carta es chica y tienen pocas opciones”, algo totalmente cierto. También, el restaurante apunta a SOLO dos productos principales, los Ramens y los Baos (también hay gyosas de entrada y un postre, pero la posta de Fukuro está en esos dos). Quizás los que estaban equivocados eran esos almacenes de platos como La Diva (en mi ciudad natal de Ramos Mejía) que te servía desde pizza hasta lomo a la pimienta, pasando por arroz con mariscos, sorrentinos y pollo al ajillo, sin contar los 23 postres y las 42 entradas disponibles. Vine a comer. No vine a perder veinte minutos leyendo una carta larga como desgrabado de cadena nacional. Quiero una carta simple, corta, pedir, tomar, comer y al sobre*.
No, no es un lugar para ir con toda la familia y su heterogeneidad en gustos, que los nenes no comen chino, que la abuela no quiere sopa, que el tío está tentado con el asado. Salvo que todos sepan qué es lo que van a comer y que no hay otra cosa. Ahí, todos felices y contentos.
¿Qué se come acá?
Ramen: es un bol gigantesco con sopa y fideos, al que se le agregan verduras y una carne (el tradicional nació con cerdo, aunque fue variando con pollo y carne vacuna) y un huevo poché en el medio. El origen es chino pero los japoneses fueron quienes lo popularizaron.
Baos: también de origen chino y originalmente llamados Baozi, que difieren en pequeños detalles con los Bánh Bao que son vietnamitas, los baos son panes cocidos al vapor y rellenos con “algo”. Ese algo es netamente arbitrario más allá de las combinaciones clásicas. Así como nos pasa con las empanadas, que hoy llevan hasta pollo al curry, los baos pueden llevar combinaciones de todo tipo, desde vegetarianas hasta las más ricas con cerdo cocido estilo barbacoa y picante.
Si bien podés comerte un ramen solito lo mejor es ir acompañado y pedir un par de Baos (la porción ya trae dos) y compartir el ramen, salvo que tengas mucho espacio en el estómago como para un ramen per capita. O seas medio celoso de la comida y no quieras compartir tu plato.
La ventaja de los baos es que la porción cuesta más o menos la mitad que un ramen, y con dos porciones probás dos sabores diferentes. Igual esto es una ventaja para una mente retorcida como la mía que busca probar la mayor cantidad de cosas antes de llenar la panza.
Si fuese por mí exigiría que todos los restaurantes ofrezcan un menú degustación de los 10 platos más sobresalientes, o que le gusten más a la gente, así pruebo todo eso y me saco las ganas.
La cosa es que podés pedirte una porción de baos (el que dice spicy realmente pica) para compartir y un ramen por persona y terminás la noche en la cama sin ganas de cambiar ni de canal. Más en noches frías como estas inusuales temperaturas en Septiembre, donde uno extraña las sopas caseras, pero quiere salir a comer algo distinto.
Si buscás eso, Fukuro es el lugar ideal.
Ricas sopas de fideos, ricos panes rellenos, una pinta de cerveza tirada (recomiendo la IPA) y ¿por qué no compartir un sake al final de la velada?… quién te dice que al final ya estés hablando en Mandarín o en Nipón…


Fukuro: Costa Rica 5514, Palermo.

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