Comer en Génova, Italia

Génova me encantó.
Estuve un sólo día y me arrepiento de no haberme quedado más tiempo. A veces uno corre intentando conocer todo y en medio de la vorágine se da cuenta de que ni Roma se hizo en una semana ni se puede recorrer Italia en un mes, por más pilas que le pongas.
Si bien con un día alcanza para darle un pantallazo a la ciudad, lo ideal sería estar al menos tres, y dedicar todo uno en visitar Boccadasse. Este pequeñito poblado costero apenas a minutos de bus del centro de la ciudad es un sueño.
Hay que tomarse un colectivo (si mal no recuerdo el 41, no sé, averigüen bien según donde estén hospedados) y te deja en la entrada del pueblito en tan solo 5 minutos.
Si bien era otoño y no había mucha gente en la playa supongo que se debe llenar de turistas en plena temporada. La cosa es que no conocí lugar tan hermoso en Italia, salvo por Cefalù (Sicilia). Hay un par de cafés donde te van a romper delicadamente el …. pero quizás valga la pena dejar la virginidad por una vista tan hermosa.
La cosa es que apenas nos bajamos del tren y fuimos al hotel, dejamos las valijas y teníamos que ir a comer una focaccia. Lo interesante de la historia no es la focaccia en sí sino qué pasó al llegar a Buenos Aires. En dialecto genovés, focaccia se dice “Fugassa”, sí, muy parecido a nuestra fugazza, porque básicamente ¿qué es una fugazza? una pizza de cebolla sin queso. ¿Y qué es la focaccia? Pan de pizza sin queso. Que acá se haya extendido particularmente la de cebolla es algo relacionado con nuestros productos y gustos, pero la focaccia puede ser blanca (sin nada más que sal y oliva), puede tener queso (pero sólo Parmesano y en poca cantidad), así como aceitunas, zucchinis, cebolla, o tomate. Recomendación: ir por una porción y comerla sentado en el piso mirando pasar a la gente.
Yendo a la ciudad, es 100% caminable. Más si se quedan al menos dos días y no tienen la obligación de salir a correr por las callecitas. Entre esas callecitas van a encontrar la Locanda degli Adorno (queda en la cortada homónima Vico degli Adorno). Es complicado pero caminado se encuentra este boliche entre prostitutas y casas con la ropa colgando en el balcón.
La cosa es que este pequeño restaurante, lindo, prolijo, ágil, tiene gastronomía de medio día a precios irrisorios y sabores bien italianos (productos frescos, pastas bien hechas, poca especia y mucho amor). La lasagna estaba buenísima pero la pasta con frutos de mar fue algo apoteótico, esos platos que se terminan en medio de un placer orgásmico.

 

Sea por la mañana o a media tarde está bueno pasar por Fratelli Klainguti (Piazza di Soziglia, 98), una confitería que maneja la costumbre italiana de servir tanto café como aperitivos, porque no nos olvidemos de que estamos en el norte de Italia y acá se respeta a raja tabla tomarse un Campari, un Aperol o el cóctel (Spritz). Lindos cafés, excelente y bien espeso chocolate, atención tradicional, precios típicos. Eso sí, recomendación, no se pidan un Cappuccino después de las 11am, se supone que se sirve sólo de desayuno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *